isla de kalsoy ruta por las islas feroe

 

EUROPA  ISLAS FEROE

Ruta por las Islas Feroe

Un nirvana en Escandinavia

Qué ver en las Islas Feroe - Tórshavn

Quinto día de ruta por las Islas Feroe

 

Tórshavn, con una población aproximada de 12.000 habitantes, es la ciudad más poblada y capital del Estado de Las Islas Feroe. Aunque con relativa frecuencia, sus habitantes incluyen las pequeñas municipalidades limítrofes en el área metropolitana de la ciudad, lo que en conjunto suman un total de unos 20.000 habitantes de forma estimada.

Más que una ciudad, la capital del país más remoto de Europa resulta ser un pueblo tranquilo. Aquí, la gente se saluda por las calles, las manadas de gansos deambulan por avenidas residenciales y el pescado pende cabeza abajo en los paseos de la ciudad para rematar su proceso de secado. Como anécdota curiosa, es tradición entre los vecinos escuchar las esquelas matinales, para conocer del fallecimiento de otros vecinos aunque éstos vivan en cualquier otro lugar del país. En las Islas Feroe, ¡todo el mundo se conoce!.

Esta bonita ciudad, donde por su puesto encontraremos las tradicionales construcciones feroesas de madera y tejadillos de hierba, queda ubicada en la zona suroriental de la isla de Streymoy, la más grande en todo el archipiélago. Su nombre deriva del lenguaje nórdico antiguo y significa “Puerto de Thor”, en honor al dios del trueno de la mitología vikinga.

Poco se entiende sobre la historia lejana de esta pequeña ciudad, ahora punto de partida de nuestra ruta por las Islas Feroe. Lo que si se conoce en la actualidad, es que Tórshavn creció y maduró como núcleo político, económico y comercial desde la era vikinga en tiempos remotos. La población se desarrolló en torno a la pequeña península de Tiganes, hoy ubicada junto al puerto de la ciudad. Aquí, los primeros colonos celebraban las primeras asambleas vikingas en el siglo IX.

 

 

Undir Ryggi - El casco antiguo de la ciudad

El laberinto de callejuelas desordenadas que configuran el casco antiguo de la Tórshavn, es más propio de una aldea perdida en la montaña que de la capital y ciudad más poblada en un país occidental.

Undir Ryggi, nombre que recibe este sinuoso entramado de pasadizos, no dista mucho de otros pequeños pueblecitos que hemos conocido a través de nuestra ruta por las Islas Feroe. Idílicas y coloridas casitas de madera  y techumbres a dos aguas cubiertos de hierba, animales de corral que deambulan de un lado para otro… El lugar, más propio de un decorado que de un vecindario bien habitado, es tan encantador en días soleados como en días donde la niebla comienza a cubrir sus chimeneas. ¡En cualquier época del año tiene su encanto!.

 

Undir Ryggi torshavn ruta por las islas feroe

 

Undir Ryggi casco antiguo torshavn

 

Parece una aldea de fantasía dentro de una capital. Desde el exterior de las casas de madera, a través de sus grandes ventanales de colores empañados por la humedad, es posible ver los aparejos cotidianos pendientes de los estantes, las vajillas en la lacena y otros muchos utensilios tradicionales. Ello, escenifica que a pesar de la llegada del estado del bienestar a las Islas Feroe, la inmensa mayoría de sus pobladores han preferido continuar con una vida muchos mas rudimentaria, apartada de los grandes lujos y del capitalismo desorbitado.

Y por fin, después de tanto buscar y rebuscar paseando entre sus recovecos entrelazados, encontramos la bicicleta que en tantas fotografías había podido ver. Ahí se encontraba con su retorcido manillar en el mismo rincón de siempre, donde el tiempo se había parecido detener.

 

Undir Ryggi en la ciudad de torshavn

 

Undir Ryggi torshavn

 

Su excelente estado de conservación tiene mucho que agradecer a la gran diosa fortuna, quien permitió que se librase del terrible incendio de 1673, donde las construcciones próximas de Tiganes quedaron reducidas a cenizas.

100 años después de la quema, a pocos metros de la maraña de callejones en corazón de la ciudad, se erigió una bonita catedral en madera blanca al estilo feroés, de cuya cubierta cuelga una curiosa maqueta del navío Norske Løve. Ésta, fue donada por los sobrevivientes al naufragio de la goleta, como muestra de agradecimiento por la suerte corrida durante la catástrofe.

 

catedral de torshavn en las islas feroe

 

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Tiganes - Un parlamento de caserones reciclados y tejados cubiertos de hierba

Conectado con el casco antiguo de la ciudad, se encuentra un parlamento muy singular, posiblemente el más pequeño del mundo. El Parlamento de las soberanas Islas Feroe, es un batiburrillo de cobertizos reciclados y casonas de madera reconstruidas. Y así de cierto es, aunque parezca surreal, estas destartaladas construcciones acogen además de algunas embajadas como la de Islandia o Portugal, la sede del gobierno feroés.

En Tiganes, nombre que recibe este lugar, los guardas de seguridad han sido sustituidos por vecinos que lavan su ropa a mano o sacan los animales de paseo. Las sinuosas cúpulas palaciegas, han sido reemplazadas por desvencijados tejados de hierba fresca y las paredes de mármol tallado, por tablones de madera o uralita prefabricada. No hay muestras de dinero malgastado ni derrochado, y si muchas de un gobierno abnegado y de un pueblo entregado a su legado. Pero nada más lejos de la realidad, se trata del lugar donde se reúnen las soberanas cortes de las Islas Feroe.

El conjunto, se encuentra ubicado exactamente en el mismo lugar donde desde el año 850, formalmente se reunían las asambleas vikingas conocidas como “Ting”. Muestra de su estrecha vinculación del lugar con esta cultura, es la rosa solar de miles de años de antigüedad, que se halla grabada en una de las rocas en el extremo del conjunto de barracones a orillas del mar. Según mencionan, el lugar hoy visible junto al izado de una bandera feroesa, es donde en tiempos pasados se rendía pleitesía al dios cuyo nombre ha heredado la capital, el dios vikingo del viento, el dios Tor.

Posteriomente a la época de los vikingos, con la llegada del cristianismo en el año 1036, las islas pasaron a  dominio noruego hasta que en 1816, fueron cedidas al reino de Dinamarca. Tras la Segunda Guerra Mundial, en el año 1948, las Islas consiguieron la independencia aunque en la actualidad, mantienen un estatus que les mantiene ligados a la corona danesa.

 

tiganes el parlamento de las islas feroe

 

parlamento de las islas feroe

 

Vágsbotn - El puerto de la ciudad

No hay un lugar cuidado con más esmero que el puerto de la ciudad. En torno a Vágsbotn, nombre por el que es conocido este nostálgico lugar, es el espacio por donde los vecinos pasean, se reúnen para conversar y desde donde como no, se puede tomar la más icónica fotografía de postal. La hilera de barracones de colores tras las barcazas amarradas y reflejadas en el mar, transmiten el espíritu marino que atesora la ciudad de Tórshavn.

 

puerto-torshavn-islas-feror

 

puerto-torshavn-islas-feror

 

 

Junto a estas edificaciones reconstruidas, hoy cafeterías y restaurantes en su inmensa mayoría, se instala el Sølutorgið, el mercado de pescado. Los mostradores de acero junto a la orilla,  son utilizados de forma espontánea por pescadores para mostrar su mercancía tras finalizar la faena diaria. No hay un horario fijo ni determinado, pero el pescado en el mercado de Tórshavn es siempre recién capturado.

Pudimos comprobar como un marinero amarraba su barco y cuestión de minutos, montó un tenderete donde se comenzaron a arremolinar pelotones de compradores. Bacalao, no era carne de ballena. Por más que buscamos y rebuscamos en los mercados no encontramos la tan polémica carne de ballena por ningún lado.  Y eso que pocos días atrás, se pudo presenciar una de las tan conocidas cacerías de cetáceos cuyas tan desagradables imágenes dan la vuelta al mundo cada vez que la matanza tiene lugar.

Al otro extremo del puerto, sobre la colina se halla un fuerte que fue construido en 1580 para proteger al pueblo de los ataques piratas. Fue expandido en 1780 y y usado como base por los ingleses durante la Segunda Guerra Mundial. Hay varios cañones ingleses y otros más antiguos de la era de domino danés.

mercado de pescado siutorgid en torshavn

 

Los museos de la ciudad de Tórshavn

La Torshavn Welcome Card puede ser una idea si tienes pensado visitar varios museos. Su precio es de 95 DKK válida durante dos días. Con ella se puede acceder a los diferentes museos, el acuarium y la pileta pública, además de poderte beneficiar de algunos descuentos en establecimientos de la ciudad.

  • Museo Nacional de las Islas Feroe

El Museo Nacional de las Islas Feroe, cubre los diferentes aspectos más relevantes del folclore cultural y natural de las Islas Feroe. Entres otros vestigios históricos desde la era vikinga hasta la Edad Media, en él se exhiben aparejos relacionados con la agricultura y la tradición marítima. Entre las reliquias más valoradas del museo, se hallan los bancos de madera originales de la iglesia de Kirkjubøur, que datan del año 1440

Dirección, precio y horarios: Brekkutún 6. Horarios: abierto de 10 a 17 hs. Entrada: 30 DKK

  • Nordic House

A fin de promover los vínculos del país con sus vecinos escandinavos, en la Nordic House tienen lugar representaciones artísticas además de ser la sede bienal del Atlantic Musical Festival. su diseño emula una colina de elfos y los diferentes materiales utilizados para su construcción, tales como las rampas, el suelo o las puertas del inmueble, están compuestos de pizarra noruega, abedul finés, pino sueco o bronce danés, procedentes por tanto de diferentes países escandinavos.

Atlantic Music Festival. Entrada gratuita.

  • Galería Nacional de Arte (Listasavn Føroya)

Los dos pintores más célebres de Feroe son, Samal Joensen Mikines (1906-79), famoso por su pintura Man from Mykines (1934) e Ingálvur av Reyni (1920-2005). Fieles al folclore feroés, en sus obras se observan tejadillos de hirba, acantilados y motivos relacionados con la vida marítima

Dirección y precio: Gundadalsvegur, 9. Entrada: 50 DKK.

 

Caza de ballenas en las Islas Feroe

Lo que aprendimos sobre el Grindadráp

Resuenan tambores de guerra con un tema tan peliagudo y comprometido, como es la caza de ballenas en las Islas Feroe. Pocos las podían ubicar en el mapa, e incluso algunos, de forma dubitativa las situaban en el Caribe, cuando comenzamos a mencionar entre amigos y conocidos que este sería nuestro próximo destino para viajar.

Aunque poco conozcamos o comprendamos acerca de la historia, cultura o geografía de las Islas Feroe, lo que si conocemos la inmensa mayoría de todos nosotros, es que año tras año, sus playas se tiñen de sangre cada vez que en su litoral, tiene lugar este encarnizado ritual. Las imágenes de pescadores lanza en mano y de niños divirtiéndose entre decenas de cadáveres de cetáceos varados junto a la orilla mar, ruedan de un continente a otro sin ninguna clase de conclusión ni explicación. Ello, ha hecho un flaco favor a las costumbres, tradiciones y en general, a la imagen de esta humilde, tranquila, acogedora y hospitalaria sociedad.

Esta encarnizada celebración que temporada tras temporada reúne a los pobladores de las Islas Feroe, es enérgicamente perseguida por asociaciones y fuertemente criticada por amplios sectores de la sociedad, en cuyo seno motiva grandes reacciones de rechazo. Pero para comprender su significado, resulta de vital importancia comprender el contexto en el que ésta tiene lugar y matizar alguna relevante cuestión.

En un archipiélago tan firmemente caracterizado por sus tan adversas condiciones climatológicas, tan inhóspito y alejado de cualquier otro lugar, no es de extrañar que los recursos alimenticios hayan sido un bien escaso durante toda la antigüedad. En las Islas Feroe, incluso donde la presencia de árboles es inexistente, la pesca se ha convertido desde tiempos prehistóricos y remotos, en el único soporte nutricional de su población.

Es posible que las fotografías que estamos acostumbrados a ver en artículos acerca del Grindadráp, no sean las más apropiadas ni justificables, pero cuanto menos, al menos si que merecen su justo análisis y reflexión.

 

 

Para nadie resulta de buen agrado la observancia de centenares de cetáceos encharcados en sangre, varados junto la orilla, en lo que resulta parecer una atmósfera de diversión. Pero para ser correctos en su justa medida, es conveniente matizar en primer lugar, que no se trata de ningún ritual con fines religiosos, lúdicos, ni de índole espiritual.

El destino de la carne de ballena producto de esta cacería, es únicamente y de forma exclusiva el consumo humano. De hecho, la carne capturada, ni siquiera es comercializada en mercados ni pescaderías. Durante mi estancia en las Islas Feroe, no vi un solo lugar donde la carne de ballena fuese puesta a la venta.

Y es que en realidad, la totalidad de la carne recolectada, es administrada por el propio gobierno de las islas y repartida a partes iguales entre todas las familias participantes en la captura del animal. El pescado, una vez recogido, es almacenado para su secado en los propios hogares, y su consumo racionalizado durante todo el año. Por lo general, su ingesta es extremadamente reducida, debido las elevadas cantidades de metales pesados que contiene. La carne sobrante, es donada por la administración a diferentes hospitales y orfanatos.

En ocasiones, los pobladores de las Islas Feroe hablan de “racismo animal”, cuando se refieren sobre esta peliaguda cuestión. El motivo, ¿por que podemos sentir una menor o mayor simpatía o sensibilización, en función de las diferentes especies objeto del consumo por los seres humanos? ¿Cuál es el motivo por el que la caza de un animal pueda tener mejor o peor acogimiento en la sociedad en función de la especia?. Asunto éste, que no entienden ni comprenden los habitantes de este país, salvo que la propia especie en cuestión se halle en peligro de extinción.

El tipo de cetáceo capturado en este tradicional evento, es el conocido de forma vulgar como ballenas piloto. Los científicos, estiman que su población en el Atlántico Norte, es de más de 778.000 individuos, de los que cerca de 100.000 habitan las aguas próximas a las Islas Feroe. Cifras que hace según su opinión, el evento en una práctica  “sostenible”.

Además, defienden que su práctica se halla regulada por ley y el tradicional método empleado para su captura, es mejorado año tras año para evitar y minificar el sufrimiento del animal. El evento puede tener lugar en cualquier época del año, cuando los grandes bancos de ballenas son detectados en las cercanías a la costa del archipiélago. Entonces, a bordo de sus embarcaciones, los marineros se lazan a la mar tratando de reconducir las ballenas hasta la orilla. Una vez próximas a la costa, los animales son interceptadas por quienes le dan muerte, siendo apuntilladas de forma letal en sus espiráculos.

Defienden argumentando que la práctica rudimentaria mencionada, muy alejada de modernas tecnologías, nada tiene que ver con la sobre explotación pesquera de otras especies, que diariamente tienen lugar de forma masiva, ilegítima y descontrolada en otros puntos de océano. La pesca del atún rojo como ejemplo de ello, se cobra millones de víctimas diarias en aguas del Pacífico, lamentando que éstas no tenga ninguna consecuencia social, a pesar de la catástrofe medio ambiental que con ello se ocasiona.

Según mencionan los defensores de la cacería, la muerte de la ballena tiene lugar de forma instantánea, sin haber sido sometida a tortura previa ni sufrimiento adicional. El animal en cuestión, después de nacer y madurar, experimenta una vida en libertad. Una vida digna, fuertemente diferenciada de la de aquéllos quienes son cruelmente acinados en granjas y explotaciones, desde el momento de nacer hasta el instante en que los ajustician en el matadero. Estos animales, vienen al mundo con fecha de caducidad. O dicho de otro modo, desde el momento en que nacen se conoce cuando se llevarán a sacrificar.

Éstas prácticas de mal trato animal, sin embargo no son criticadas ni señaladas por amplios sectores de la sociedad, quienes posiblemente de forma inconsciente, miran hacia otro lado cuando en el supermercado vemos bandejas de cerdo loncheado.

La diferencia fundamental, radica en el horror, la angustia y profunda decepción que genera la muerte del animal, cuando ésta tiene lugar ante nuestros propios ojos. Por ello tal vez la justa reflexión, ¿no debería focalizarse en la estricta necesidad o no, sobre el consumo de cualquier clase de pescado o animal, de cuya carne éticamente no nos deberíamos de apropiar?.

 

 

 

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